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martes, 12 de febrero de 2013

"¡Dios mío! ¡Dios mío! ¡Qué tarde voy a llegar!"

Bueno, pues toca presentarse.

Mi nombre es conejo blanco, un colaborador más de este interesante blog en el que tengo el placer de participar. A medida que escribo me voy sintiendo más a gusto con este seudónimo y a estas alturas ya no concebiría ningún otro. Es por eso que tengo que dar las gracias al Oso Polar por ayudarme a escogerlo.

Así, a bote pronto, no sabría deciros acerca de qué podría yo hablaros por aquí, quizás de música, cine y pensamientos míos. No suelo ser constante, todo depende del impulso del momento y del estado de ánimo tan cambiante que tengo.

Pero teniendo en cuenta que es mi primer día, lo justo sería explicaros quien soy. Y lo que soy es un símbolo. Soy  aquello que es perseguido constantemente por alguien; los conduzco hacia algún descubrimiento. Me recordarán gracias a Alicia en el País de las Maravillas, o a Matrix, dos obras que aconsejo encarecidamente, por todo aquello que quieren mostrar. Soy un anhelo, una curiosidad, una invitación a despertar la conciencia, una huida, una evasión de la realidad aparentemente normal para llevarte a “lo mágico”, una llamada de atención para los que están en su zona de confort buscando algo sin saber qué.

Espero estar a la altura y poder aportar algo interesante. De momento, os dejo con esta magnífica canción, en la que tengo la suerte de ser nombrado. Es el resultado de una mezcla de LSD y de un gran ingenio. Para los curiosos diré, que a pesar de haber estado censurada en las radios estadounidenses por hacer referencia directa a las drogas, está considerada una de las mejores 500 canciones de todos los tiempos por la revista Rolling Stones. Disfrútenla y…seguid al conejo blanco.